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Amor online, Primavera, Viajes

¿Qué se hace cuando te han vuelto a romper el corazón por enésima vez? ¿Sabéis cuántas roturas más puede aguantar un corazón como máximo antes de perder su función de amar? Esas son algunas de las preguntas que me estoy haciendo estos días después de que ese chico tan “especial» con el que estaba saliendo, me dijese que no me quería y que prefería que dejásemos de estar en contacto.



Os cuento qué pasó:

¿Os acordáis del chico noruego con el que quedé para San Valentín (http://roseapelton.com/san-valentin-is-coming-again/)? Pues bien, como lo veía tan especial, siguiendo vuestros consejos, decidí apostar por conocerlo más y dejarme llevar por mis sentimientos, y desde aquel día hemos ido saliendo e intimando para ir entendiéndonos mejor. Sí, digo entendiéndonos, porque, como os comenté, sólo hablaba noruego y su inglés y español era escasito, pero, aunque, parezca mentira, nos comunicábamos muy bien… sobre todo en los momentos más íntimos… Y es que era ahí donde sacaba ese vikingo que llevaba dentro y se volvía, literalmente, “explosivo” como nunca antes alguien lo había sido conmigo… Así que me tenía atrapada entre sus “encantos” y los míos… y desde San Valentín no he tenido tiempo nada más que para trabajar y para estar con él… De ahí la intensidad de la relación… y la razón de que no me haya comunicado con vosotr@s estos meses.




Pero hace unas semanas, él se tuvo que ir a trabajar a Siberia (no sé si os conté que era científico y estaba llevando a cabo una investigación para explorar los bajos marinos… y, ahora que lo pienso, de ahí la destreza que tenía para tomarse su tiempo explorando conmigo… jajajaja).

En una de las fotos que me envió mientras estaba de viaje vi a una chica entre el grupo que estaba muy cerquita de él y, al preguntarle por Whatsapp que quién era, me dijo que se trataba de una de sus ex-parejas… En ese momento, sentí cómo se me hacía un nudo en el estómago y le pregunté que porqué no me lo había dicho antes de irse…  A lo que él me respondió que no tenía porqué darme explicaciones, porque él practicaba el «amor libre», algo así – creí entender – como mantener relaciones con las personas que, en cada momento, desease. Me dijo que yo le gustaba mucho pero no tanto como para renunciar a eso, a su libertad… y ahí fue cuando mi maravilloso mundo con él empezó a desintegrarse…




¿sabéis de la sensación cuando crees que te han puesto una cámara oculta?

Pues así me sentí yo…

No veáis cómo empecé a visualizar a mis anteriores parejas como si se tratara del resumen previo de una telenovela, en la que aparece “En capítulos anteriores…” y termina con un “What the Fuck is happening?” (vamos, lo que en español es ¿pero qué coño está pasando en tu vida, Rose Apelton?




Los que me conocéis un poquito sabéis que yo paso de compartir cama y parejas, que ya bastante tengo con apañarme con uno sólo, y que al hombre que esté conmigo le exijo que firme “cláusula de exclusividad” durante el tiempo que estemos juntos… Pero en estas circunstancias, la de dudas que se me generaron al escucharle decir lo de “amor libre” de su boca con ese acento noruego-español tan bien pronunciado…

Sobre todo tenía pánico a perderle, ese miedo irracional que te entra al pensar que si le dices lo que piensas, nunca más lo vas a volver a ver (ni a sentir)… esa sensación extremadamente dura de saber que si hablas, vuelves a quedarte sola solita sola de nuevo… ese miedo a pensar que lo vas a perder cuando ni siquiera ha tenido tiempo de conocerte bien.

Pero al final recordé lo que mi abuelita siempre decía:

“Rose, cuando alguien se aleja, es porque no es para ti…

porque – según decía ella-




Así que, aun a riesgo de perderle, me armé de valor y se lo dije…

Le pedí que me diese su palabra de que no iba a liarse con su ex, a lo que él me respondió que lo que le estaba pidiendo era imposible, sobre todo porque él no sentía por mí algo tan especial como para cambiar eso y que creía que nunca iba a sentirlo conmigo, así que –sentenció- lo mejor era cortar toda comunicación y dejar que cada uno continuase con su vida…Y así fue… Ahí fue cuando me dí cuenta de que él me bloqueó en todas sus redes sociales y en Whatsapp, dándome cuenta de que lo nuestro fue para él, simplemente, una aventura con una española durante unos meses en los que le vino bien conocer un poco más de las costumbres españolas y aprender algo del idioma… pero nada más… Y  yo lo entiendo perfectamente y le agradezco todo lo maravilloso que he experimentado con él, pero 

¿qué se hace con todos los sentimientos que se me habían ido despertando hacia él?




Porque enamorada no estaba, pero sí empezaba a sentir un cariño bonito hacia él, hacia su alma… algo especial que, según mi percepción, prometía… Y no veáis las ganas de volver a sentir sus besos, sus abrazos… aunque sea sólo a modo de despedida… porque cuando le dije adiós antes de partir a su viaje de regreso, nunca habría podido imaginarme que era un adiós definitivo (sólo de escribirlo mientras os lo cuento me da una sensación de vértigo increíble… ainssss)…

Pero lo cierto es que ahí se quedó todo, en una despedida virtual y en un amor que no sé si fue real o no… Lo que sí es cierto es que esto me ha demostrado una vez más que lo que yo percibo y lo que ellos sienten es radicalmente distinto… Y no sé ya que hacer para no caer de nuevo en el mismo error… Uggggrrrrrr…

Así que aquí estoy, por enésima vez en mis 43 años, digiriendo el enésimo “Es que yo nunca podré quererte para algo distinto de una aventura” y un “Tú no eres tan importante para mí y creo que nunca lo serás”, y tratando de descubrir qué hacer para dejar de fijarme en hombres con miedo a comprometerse dándote su palabra de que mientras estén contigo, conociéndote, no van a intentarlo con nadie más, o si es que existe un virus mundialmente extendido que provoca síntomas tales como bloqueo mental a la hora de hablar de la palabra futuro, diarrea cuando se pronuncia la palabra “compromiso”, tartamudez para explicar lo que significa lealtad, y amnesia cuando se trata de recordar los buenos momentos pasados y de guardar el debido respeto a la persona con la que estás intimando ….




No sé si soy la única a la que le pasan estas cosas o es algo «normal»… Lo que sí sé es que:  «A Dios pongo por testigo que seguiré intentándolo hasta llegar a encontrar a ese hombre de mi vida… porque – como siempre digo yo-

SUCEDERÁS…. LO SÉ

¿Os ha pasado algo parecido a vosotr@s? ¿Qué me aconsejáis que haga para liberarme de esa sensación de ser poca cosa para los hombres, poco merecedora de su amor? ¿Qué se puede hacer para conocer a hombres a los que no les dé miedo conocerte más a fondo y a los que no les entre amnesia cuando les sacas el tema de conoceros más en “exclusiva”? ¿Qué creéis que es realmente lo que temen cuando les sacas el tema del “compromiso»: es algo real o inventado como excusa perfecta para salir huyendo cuando la situación no les gusta? ¿Por qué reaccionan bloqueándote en sus redes sociales como si no hubieses formado parte de su vida nunca?

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Navidad

Uffff… ¡¡¡qué hartazón de Navidad!!!

¿Os habéis fijado que cada año la Navidad empieza antes? Y es que, es acabar Halloween y los comercios y las calles empiezan a llenarse decoraciones navideñas en las que los «Merry Christmas» y “Feliz Navidad” van asomando poco a poco hasta inundar todos los rincones de la ciudad…  Y es como si ese ambiente que se crea te obligase a sonreír y a estar feliz permanentemente hasta que termine esta festividad… como si no pudieses enfadarte con nadie ni ponerle las cosas claritas a alguna que otra persona que se te cruza en tu día a día… Así que





Lo bueno de las Navidades es que está permitido sentirse nostálgico, aunque no tengas pareja para compartirlas… Lo malo, que te recuerdan que acabas el año otra vez sin pareja… y te hace plantearte dónde está el error… pero como sabéis

mi lema es «Rendirse no es una opción»

así que aquí me tenéis, tratando de planificar la nueva estrategia para encontrar al hombre de mi vida de cara al año próximo…


Pues bien, en esa labor de investigación me paré en un artículo que aparecía en una revista sobre un síndrome que, al parecer, sólo sufren algunos hombres – es una de esas enfermedades raras – … no veáis lo identificada que me sentí después de leerlo y darme cuenta de que, al parecer, varios de los susodichos con los que me he liado tienen pinta de sufrirlo… Agggggggrrrr… y no sé qué hacer….

Os comento, a ver si podéis detectar a algún hombre más enfermo de esto y los unimos para que les salga más barata la terapia conjunta….

A ver, a ver… cómo os lo cuento…. Ummmmm

Se llama Síndrome de Enfermedad Post-orgásmica y, por lo visto, los hombres que lo padecen se sienten extremadamente fatigados, con dificultades de memoria y problemas de concentración después de haber tenido un orgasmo.

¿Recordáis al pirata y chico ni-ni que os contaba en el post http://roseapelton.com/imposible-resistirse-a-los-chicos-malos-malotes/? Pues bien, una de las características que tenía y que lo hacían tan “especial” era el sexo… ¡Sí! Pese a que teníamos pocas oportunidades de mantener ratos de intimidad, cuando llegaban eran sencillamente momentos de “¡¡¡Oh, madre mía!!! ¡¡¡Que esto no acabe nunca!!!”… vamos, momentos de pura explosión sensorial en todos los sentidos… y eso, creo, era lo que me dejaba enganchada a él y por lo que aguantaba tanto esa relación – si se puede llamar así a encuentros esporádicos y mensajes de Whatsapp – …




Y yo creo que él sabía que eso iba a ser así pese a que, una vez que terminaba ese momento sexual íntimo, en ese mismo instante en que estaba tratando de reponerme de semejante sesión explosiva de sexo, en ese mismo momento, nada más acabar,

él se levantaba rápidamente de la cama y se iba directo a la ducha para, automáticamente, vestirse después, casi sin mediar palabra ni gesto alguno, antes de salir de mi casa más rápido que Tarzán con vaselina en las lianas…

Al principio, con la emoción del calentón, esa reacción la veía rara, pero no me importaba demasiado… pensaba


“Pobrecito, se ha asustado de sentir tan intensamente como yo… se ha aterrado con tanta intensidad y por eso se ha ido con cara de ¿pero qué diantres ha pasado aquí? ¿cómo he podido dejarme llevar tanto por el momento y sentir tan intensamente todo lo que he sentido? ¿me estaré enamorando de ella? Porque si no, oh oh oh…¿de dónde he sacado tanta fogosidad?»


Luego, conforme iban pasando los días y las cortas, pero intensas, sesiones de sexo se repetían… conforme acabábamos, su cara me parecía que seguía siendo de susto… pero al compromiso… tipo Oh oh oh… que parece que esta Rose se está enamorando de mí y no voy a poder quitármela de encima luego… así que mejor me voy cuanto antes, no vaya a ser que se encariñe de mí… Mejor salgo pitando de su casa antes de que se reponga de esta sesión y me pida que me quede a dormir…




Y ahí aguanta el pirata varias semanas sin dar señales de vida… hasta que en algún momento, como el que no quiere la cosa, decide mandarme de nuevo un mensaje de esos como si hubiésemos mantenido diariamente el contacto y no hubieran pasado varios meses desde su “desaparición”…

Y así, con un “¡¡Buenos días guapa!!! Tengo ganas de ti” se queda él tan pancho y me deja a mí mirando a la pantallita de móvil con cara de haber visto un fantasma, sin poder creer lo que están viendo mis ojos… sin saber por qué lo hace, qué es lo que se le ha pasado en ese momento por la cabeza para acordarse de mí y para querer verme de nuevo…

Y ahí es cuando mi parte romántica salta y me dice:

“Rose, eso es que se ha dado cuenta de que no puede olvidarte por más que quiera”




Pues bien, según el Síndrome ese que leí y que os comentaba, hay poquísimos hombres en el mundo que sufren de él y los síntomas son precisamente esos que tiene, entre otros, el malo – malote, que, después de la eyaculación les entra un pánico tremendo que no pueden controlar y les da por huir del lugar del coito…

Así que, desde que lo leí, pensé que probablemente sea eso lo que les sucede, que no es que me tengan miedo… si no que, simplemente, están enfermos y les dará vergüenza reconocerlo o desconocen que lo tienen y no saben por qué actúan así…

Y ahí estoy, en pleno proceso de pena – penita – pena por el piratilla al suponer que, más que jugando conmigo puede estar sufriendo esa fiebre (que no calentón), esa angustia, esa descomposición de cuerpo que, al parecer,  les entra después del coito… no porque tiene miedo a sentir ni porque tema al compromiso, sino porque está malito…

Así que no sé si enviarles una postal de felicitación de Navidad o una invitación para un grupo de terapia…

Oh oh oh… ¿Qué creéis que debo hacer? ¿Habéis podido identificar vosotras también a algún hombre con esos síntomas?
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Amor online, Invierno, San Valentín

parte-ii




Y pasó a recogerme y fue verlo, fue cruzarnos las miradas y pensar, uyuyuyuyuy Rose… que este hombre parece que realmente está interesado por ti, porque esas miraditas no son normales….😍💕😍


Y así estuvimos más de tres horas hablando, tomando café, sonriendo, y mirándonos… Y no paraba de decirme mientras se despedía “Hay que ver lo rápido que se me ha pasado el tiempo y lo bien que he estado contigo”

Ahí se sinceró como, creo, que nunca lo había hecho con una mujer. Me dijo que hacía dos meses que se había divorciado y que estaba reiniciando su vida y retomando los contactos interesantes…

¡sí, habéis oído bien!, ¡a mí, a Rose Apelton, me incluyó entre sus contactos interesantes! Wowwwwww


Cuando oí eso, mi Rose saltarina pegó un doble salto mortal invertido con voltereta lateral y empezó a bailar cual posesa gritando ¡lo sabía! ¡lo sabía! Wowwwww…. y requetewowwwwww💃💃💃💃

Esa noche me dejé llevar e, incumpliendo todos los consejos del mundo para solteras, le escribí un mensaje de WhatsApp en el que le decía que me había encantado verlo de nuevo y que yo también había disfrutado muchísimo…

Y dos minutos después, recibo como respuesta suya:

“Espero tener la oportunidad de repetir muy pronto. Besos”


No os exagero si os digo que esa noche no pegué ojo, mezcla de la emoción de saber que él quería volver a verme, mezcla de la incredulidad de que ese chico tan maravilloso me estuviese diciendo eso a mí, a Rose Apelton!!!

Así que yo, emocionada a más no poder, y con el fin de que no se enfriase la cosa – una oportunidad de estas no se le presenta a una todos los días – decido proponerle a la mañana siguiente volver a quedar… A lo que él me responde “No puedo porque salgo de viaje… pero a la semana que viene nos vemos seguro!! ¿te parece?”

Y dicho y hecho, el día que hacía justo una semana, recibo un mensaje de WhatsApp diciendo:

“Hola Rose!! Cómo estás?…. Yo llevo una semana a tope, pero si te apetece esta tarde, podemos vernos … Ya me dices ”


Y ahí es cuando tuve mi primera crisis de ansiedad… 😣 Os cuento: el día de antes, sábado, me dejé llevar por la fiesta y ese día que James me mandó el mensaje, ni mi cuerpo ni mi cabeza estaban para quedar con nadie… Además, desoyendo a las actrices de Hollywood y a sus secretos de belleza, la noche anterior había llegado tan cansada que ni me había molestado en desmaquillarme, así que todavía tenía lo que ahora llaman en los anuncios “ojos de panda”🐼 (¡manda narices el nombrecito!)

Así que, después de repetirme varias veces cual mantra (¿o fue una sola vez y con la resaca se produjo el eco dentro de mi cabeza??):

“Esto no me puede estar pasando a mí”

y tratar de calmarme para tomar el control de la situación, le respondí:

“Buenos días James! Me encantaría, pero hoy estoy con el virus del estómago (esa excusa y la del periodo siempre funciona, porque no admite preguntas… 😉 Si mañana me encuentro mejor, te aviso y quedamos, ¿ok? Un abrazo!


A lo que él me responde:

«Mañana no puedo, pero te aviso cuando tenga un hueco, ¡seguro!»


Ahí puse en acción el consejo de mi amiga Marguerite


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Y no tuve que esperar mucho, porque, dos días después me estaba diciendo


“Necesito verte, así que si quieres y puedes, paso por tu casa y tomamos café. ¿Cómo te viene?”


Ahí fue cuando me dio mi primer microinfarto, porque yo estaba de viaje esa semana, así que iba a tener que rechazar de nuevo su invitación… Aggggggg… ¡maldita sea!

Quería que la tierra me tragase, coger al guionista de mi vida del cuello y pedirle explicaciones de por qué me hacía esto a mí… Ainssssss

Lo bueno, yo regresaba al día siguiente, así que le dije “Podemos quedar mañana por la tarde… O si no, en una semana”

Y su respuesta no se hizo esperar ni un minuto: “👍Mañana por la tarde perfecto!”

Y así fue como volvimos a vernos y volví a estar tomando café sentada al lado del hombre con la sonrisa más atractiva y brillante del mundo…Yo, Rose Apelton,  una chica del montón!!!

Y ahí estuvimos cerca de cuatro horas disfrutando de la compañía y de la charla, y sin parar de decir “Rose, a tu lado se me pasa el tiempo volando”

Y yo, con ganas de gritar a los cuatro vientos: “Rose, le gustas!!” “Rose, menuda buena pareja hacéis; Wowwww” (mientras mi Rose saltarina bailaba loca de contenta)

Pero ahí creo que cometí el segundo error, que fue enviarle esa misma noche un mensaje agradeciéndole de nuevo el ratito tan genial que me había hecho pasar esa tarde… Y digo error, porque,

a partir de ese día, no tuve respuesta alguna por su parte, salvo un “Hablamos pronto”

Y no fue hasta pasados varios meses, el día antes de San Valentín, cuando recibo un mensaje suyo con una invitación a comer el día 14 de febrero…. Ahí fue cuando pensé que esto ya iba en serio, que se estaba tomando mucho interés en quedar conmigo, y más, un día tan señalado, así que me dije:

“Ya está Rose, ya lo has encontrado”…💘

Y ese día fue maravilloso… Lo pasamos genial… Incluso, esa misma noche, me envió un mensaje que decía: “Me lo he pasado muy bien…. Nos vemos pronto de nuevo”


que-el-mundo-se-pare



Y así fueron pasando los días, mientras conversábamos por WhatsApp de las cosas que nos iban pasando entre semana (conversaciones iniciadas por mí, he de reconocer)… Hasta que me vuelve a proponer quedar a comer, pero esta vez en su casa… Y yo no sabía dónde meterme de loca de contenta que estaba…

“Sí, a ti Rose, a ti… quiere volver a quedar contigo por enésima vez!!! ¡Está como loco por volver a verte, sí!!!


Y allí que me planté en su casa, con una botella de vino, recién depilada y con la mejor ropa interior que tenía, preparada para el aperitivo, la cena y el postre….para poder sellar esa relación maravillosa que llevaba creciendo entre nosotros desde hacía más de un año…

Pero, cuál fue mi sorpresa que, conforme empezamos a cenar, saca su teléfono móvil y me empieza a enseñar fotos de todos los ligues que ha tenido este tiempo que está divorciado… Y me dice que, dado que me considera una gran amiga (remarcando lo de “amiga”), necesita pedirme consejo sobre una chica de la que está perdidamente enamorado…😱😨


Ahí si no me morí del soponcio, estuve a punto…


ese-momento-en-el-que-de-golpe-y-sin-querer



Ese momento en el que, pese a sentirte así, tienes que seguir sonriendo como La Mona Lisa, porque te acabas de dar cuenta de que sólo te buscaba como “amiga” y que no tenía interés otro alguno en ti… Ese momento en el que gritas:


al-diablo-el-amor



Moraleja: después de esta experiencia, y vistas mis “dotes” para que los hombres se sinceren tanto conmigo y me vean como su “amiguísima”, he decidido que voy a empezar a trabajar como “coach sentimental”… así por lo menos podré sacarle partido a esos ratos que les dedico a los hombres sí señor!! 😊
                                                                                                                 ¿qué os parece?

7

Amor online, Invierno, San Valentín


parte-i

¿Cómo empezar? Quizás con una canción…. A ver, a ver…. ¡Sí, la tengo!

La canción que mejor describiría lo que me pasó con, llamémosle, James Melenas, es esa de Rihanna “Not really sure how to feel about this”… Vamos, lo que en lenguaje llano del nuestro viene a ser “pero ¿¿¿qué coño ha pasado????

Os cuento para poneros en antecedentes… A ver… Conocí a James mientras hacía un curso en una escuela de negocios a la que él también iba pero para hacer un máster (eso ya me indicó que se trataba de un tío listo como él solo podía ser…😎)

En el momento en que nos cruzamos en medio de un caos de gente que estaba intentando llegar a su aula, algo en mí ya se quedó pillada en su mirada y, sobre todo, en su sonrisa… -aquí he de reconocer que se me cae la baba al recordar ese momento-, porque

¿sabéis de esa sonrisa brillante y perfecta que es capaz de fulminarte y tiene el efecto de dejarte con la boca abierta, y que pese a que eres consciente de que estás en esa pose absurda, no te es posible moverte (ni cerrar la boca)?😮

Bien, pues así me quedé yo – como diría Jesulín de Ubrique, en dos palabras, IM-PRESIONADA-. Fue como si el mundo se parase y ese gentío desapareciese de golpe para no existir nada más que él y yo….  Ainssssss qué bonito!!!!!!!!!!😍😍😍

Pero ayayay…. que James, al parecer, contaba ya con bastante experiencia en esto del arte de la seducción y era perfecto conocedor de lo que estaba pasando – ¡cómo para no reconocer que una chica con la que se había cruzado se había quedado embobada mirándolo boquiabierta y petrificada…😂😂😂

Y ahí estaba yo, tratando de recobrar la compostura e intentando dar órdenes a mi boca para que se cerrase so pena de morir asfixiada… Y, tras unos segundos que me parecieron horas, al final lo conseguí, ¡vaya si lo conseguí!, pero fue cuando mi Rose picarona empezó a decir

“Mira cómo te ha sonreído, te está comiendo con la mirada”


lanzate



Entonces me cargué de valor y le dije: Hola, ¿cuándo te viene bien que quedemos a tomar un café? A lo que él me respondió: Dame tu número de teléfono y te llamo para quedar…

Teniendo en cuenta que estábamos en una escuela de negocios, lo apropiado era entregarle una tarjeta de visita,

pero a mí lo que me apetecía era anotarle con rotulador permanente cada una de las nueve cifras que tiene mi número de móvil en alguna parte de su cuerpo… y, si me dejaba, le escribía hasta el prefijo internacional!!! Olé ahí!!!💃💃💃

Y así se quedó todo… El semestre iba pasando, las Navidades iban llegando y esa llamada nunca llegaba… Nuestras miradas se cruzaban en los pasillos cuando coincidíamos en los descansos entre clase y clase, y lo único que conseguía era una sonrisa suya acompañada de un “¡Hola! ¿Qué tal estás?” Y poco más…

Al cabo del tiempo me enteré de que estaba casado por segunda vez (pero no llevaba anillo, porque en ese detalle es en el primero que me fijo… Y tampoco tenía huella de habérselo quitado recientemente… 😉)

Otra cosa no, pero principios y reglas para con los hombres casados tengo unas cuantas… y la primera es la que mi amiga Marguerite siempre me recuerda:


corre-rose-corre

(la segunda es: Rose,


pero-que-haces-que-no-estas-corriendo



Así que ahí tuve mi primer fiasco… Fue como si una bocanada de aire gélido me golpease la boca con un ¡Zas en toda regla! tan fuerte que me pareció hasta que el suelo empezaba a temblar, o, al menos, esos quería yo, que se abriese el suelo y me tragase en ese mismo momento…

Y así quedó la cosa…

Hasta que un año más tarde estaba con mis amigas paseando y lo veo caminando por la acera de enfrente… Sin casi darme cuenta, me ví gritando su nombre en medio de todo el tráfico, como si un espíritu guerrero me hubiese poseído, y, dad por hecho que me oyó – igual que el resto de transeúntes que pasaban por nuestro lado en ese momento y que se pararon a mi alrededor creyendo que me estaba dando un ataque…😨😨😨

Y se volvió… Y, como no, sonrió… Me reconoció y me sonrió y, aunque era de noche, sus dientes empezaron a brillar de nuevo y su mirada a echar fuego de ese que quema… 😌 y volví a recordar lo que había sentido la primera vez que le conocí….

Fue como si el tiempo se parase en ese preciso momento, para mí y también para mis amigas… que se quedaron boquiabiertas ante la maravillosa sonrisa que surgía de un hombre esculturalmente guapo y que, pensaban, se dirigía a cada una de ellas directamente… (ahí descubrí que ese debía ser el efecto que causaba normalmente en todas las mujeres)

Pues bien, cruzó la calle y, esta vez con mirada asombrada, me comentó que se había estado acordando de mí todos esos meses que no nos habíamos visto y que, justo esa mañana había estado a punto de llamarme….

!menuda casualidad más maravillosa!! –me dijo-

Y yo, si hubiese sido helado, directamente me habría convertido en una taza de chocolate hirviendo, en ebullición..

Y me envió un mensaje por WhatsApp proponiéndome día y hora para quedar…. ¡siiiii!!!!!

En esos casos, cuando un hombre te ha pedido quedar, sigo los consejos de mis amigas Blanche y Marguerite, que me dicen


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Y así hice… Y como no quería que notase mi interés por él bajo ningún concepto, se me pasó un poco más del tiempo estimado… porque ahí estaba Rose, la dura más dura de todas las mujeres… ¡sí señor!!!

Mientras tanto, pude cotillear su foto de perfil de WhatsApp (aparecía él solo con una camisa blanca y morenísimo perdido… y solo ¿os lo he dicho?), pude ver si tenía cuenta de Facebook


mas-de-media-humanidad-moriremos



Y le respondí… Y al segundo de recibir el mensaje, me llamó directamente… Y me dijo

“Solamente quería preguntarte si te apetece tomar ese café hoy en vez de alargarlo más…»

Y yo me quedé sin palabras…

De mi garganta sólo salían sonidos irreconocibles que me hacían parecer una gallina clueca… Y él me preguntó: “¿Te pasa algo? ¿Estás afónica?”…


Y yo sólo quería decirle que “Sí, que nos veíamos hoy…” Pero mi Rose tímida brotó a la superficie cual flor en primavera… y ahí estuvo, haciéndose de notar durante unos segundos que me parecieron horas… Hasta que, al final, la Rose más valiente que llevo dentro consiguió nokearla y hacer que le fluyera la voz… Y fue así como pudimos quedar a una hora… él pasaba a recogerme… (¡menudo caballero! -pensé 😉-)

Continuará….

3

Amor online, Invierno


Uffff…… estoy en un mar de dudas con esto de las relaciones a distancia vía Whatsapp y el resto de chats para conectar con gente… Mis amigas Amelie, Blanche y Marguerite no paran de decirme que me registre en alguno de ellos, que hoy en día es la única – sí, eso dicen – la única forma de conocer hombres pero….

¿cómo sabemos realmente si la persona que tenemos al otro lado es así o sólo nos dice lo que sabe que queremos oír? (en eso las mujeres somos muy, pero que muy predecibles, ¿verdad? 😉

Hasta mi madre –ya desesperada por ver a su única hija en camino de quedarse “para vestir santos” – se ha ofrecido a ayudarme a darme de alta y a hacer el seguimiento de los candidatos…. Habrase visto el nivel de desesperación en el que tiene que estar sumida mi santa madre para hacerme tal proposición!! jajajaja…


Como os digo, hoy en día parece que si no mantienes una relación online de ese tipo, no existes, pero yo las odio con toda mi alma, aunque, como no, al final no he podido resistir la tentación y he caído en las redes (literalmente hablando, jajajaja…)


Así que empecé a chatear con un chico y, viendo que parecía que nos llevábamos bien, decidimos pasar a mensajearnos por WhatsApp. Y claro, mientras estábamos conociéndonos, todo iba de maravilla: él me enviaba mensajes todas las mañanas, tardes y noches, agasajándome con todo su repertorio de palabras románticas. Yo constantemente subida en una nube de algodón que se elevaba más y más con cada mensaje. Parecía que sabía lo que me gustaba oír, y eso me hacía sentir como una reina privilegiada…. Cada vez que recibía un mensaje suyo, mi Rose interior le dedicaba un doble salto mortal con voltereta lateral de la alegría que le provocaba… Mi sonrisa era constante….


Hasta que un día, ante su enésimo “Me encantaría verte… A ver si nos vemos pronto”, se me ocurre enviarle la frase esa que todas hemos leído en el Facebook de Mario Benedetti:

“A mí no me digas que me extrañas… A mí dime a qué hora nos vemos”


Y ahí es cuando le respondo “Y yo a ti… carita triste.. ¿cuándo quedamos?” y es en ese momento, con esa pregunta, como si hubiese provocado un agujero negro que se traga al susodicho para no volver a saber de él.


He de revelaros un secreto: hasta hace relativamente poco me daba hasta pena, porque pensaba que en ese agujero negro se reunían todos los hombres que no podían responder por miedo a fracturarse un dedo si cerraban una cita… y allí, en ese lugar, se encontraban para compartir su angustia… ¡¡pobrecillos!! ¿verdad?


Ahora estoy segura de que no me contestó nunca porque cuando leyó mi mensaje se puso tan alegre de que yo quisiese al fin quedar con él que empezó a correr por toda la casa y, de la emoción, se quedó sin aire, se desmayó y, del golpe, sufrió amnesia selectiva ¡¡¡Sí, eso debe ser!!!

Por las redes he leído un mensaje (desconozco quién es su autor) que dice muy acertadamente:

Un día me dijo “Me muero por verte”… Y creo que se murió, porque nunca más nos vimos….” 🙄 


Sea como sea, ¿cómo cabrearte con él cuando de golpe deja de responderte a los mensajes? ¿cómo romper con alguien que aparece y desaparece a su antojo?

¿Cómo gestionamos la frustración al ver que un día se están muriendo por ti y al día siguiente es como si nunca hubieses existido en su vida?


Y es que, no sé si os habéis dado cuenta y lo habéis sufrido también como yo en vuestras propias carnes, pero es tremenda la frustración sentimental que existe hoy en día con esto de internet, los chats y las Apps de mensajería instantánea.


Porque con tanta tecnología, hasta los sentimientos están virtualizados… lo que en un segundo es un “Te quiero”, un “Te echo de menos” o un “Tengo unas ganas tremendas de verte”, al segundo siguiente nos encontramos, en el peor de los casos, con una ausencia de respuesta y, en el mejor (por llamarlo de alguna forma…) con un “Ya no te quiero”, “Tenemos que dejarlo…”, “No podemos seguir porque me ha salido un trabajo en Australia y salgo mañana mismo…”


Y ahí te quedas tú mirando sin parpadear la pantallita del móvil, mientras la pantalla del móvil te mira a ti… como si así fuésemos a encontrarnos con el susodicho, como si así fuésemos a ver de golpe una explicación razonable y lógica a ese cambio tan repentino del tono de los mensajes, como si así fuésemos a descubrir el porqué de esa ruptura… pero no, estamos en la era digital del “ahí te las apañes tú con tus sentimientos, que yo no necesito ya ni dar la cara para nada”… Y así nos va…

No me quieras tanto… Quiéreme mejor


Y ahí es cuando yo me pregunto: ¿ese estado de enamoramiento era real o fue fruto de mi imaginación? ¿todo lo que me decía realmente lo sentía o sólo lo hacía para disfrutar con alguien al otro lado de la línea? ¿qué necesidad tendrán de decirnos que quieren vernos cuando en realidad no quieren quedar? o es que ¿no quieren quedar porque les da miedo –más bien, pánico-?


A todo eso no le he encontrado todavía una explicación, así que agradecería enormemente vuestros consejos y comentarios… A ver si al final consigo ver la luz al final de este túnel virtual…

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Ubuntu comunicacin