Cuidado con lo que deseas por si te besan

Si ya antes del coronavirus los besos se cotizaban caros, ahora no os quiero ni contar… porque, como os decía en mi anterior post (https://roseapelton.com/el-amor-en-tiempos-del-coronavirus/), las oportunidades de un “aquí te pillo aquí te mato (de placer)” son escasitas y, si después del correspondiente PCR y medición de temperatura, decides lanzarte, corres el riesgo de que la otra persona no bese como a ti te gustaría y hayas quemado una oportunidad de oro con alguien que no cumple tus expectativas, así que si alguien puede decirme cómo reconocer la forma en la que el otro besa solo por la mirada, se lo agradecería eternamente…

 

¿Se puede saber cómo besa alguien solo por su forma de mirar?

Mientras trato de dar respuesta a eso y pido al guionista de mi vida que me mande a alguien que haya aprendido a besar de categoría, os dejo algunos de los tipos de besos más extraños que nos han dado a mi amiga Alis y a mí a lo largo de nuestra vida y que he recopilado en esta selección:

Beso boca pez, ese que te dan los que tienen unos labios gordos pero que no son muy proactivos que digamos, y lo máximo que hacen por ti es abrir su boca como lo hace un pez, dejándote esa cavidad abierta para que te encargues tú de hacer el resto.

En la otra cara, tenemos los Besos directos o colonizadores, aquellos de los que ignoran tus labios y, conforme abres la boca, su lengua va directamente al interior, como si no hubiera un mañana, como diciendo “lo único que quiero es una cavidad donde expandirme”.

Así que cuando se junta un “boca pez” con un “directo”, surge la pasión… pero cuando no eres de ninguno de esos tipos, las consecuencias son devastadoras… os lo digo por experiencia

Beso perforador, cuando la lengua del susodicho, una vez que ha conseguido entrar en tu boca, empieza a dar vueltas dentro de ella en busca de no se sabe qué, con tanta energía y potencia que corre el riesgo de que termine desincrustándote algún resto de comida que se quedó ahí después de un cepillado de dientes demasiado rápido, o, en el peor de los casos, que esa lengua vigorosa se lleve algún empaste por delante… Estos besos tenían que venir con el cartel de “yo no asumo la responsabilidad de lo que encuentres con tu lengua perforadora”.

Dentro de esta tipología, están los besos orejeros, cuando esa lengua perforadora entra en tu oreja mientras a ti lo único que se te ocurre hacer es rezar para que no encuentre trocitos de cera en su camino, y prometerte a ti misma que a partir de ese momento, vas a limpiarte, día sí día también, las orejas y los oídos a fondo fondísimo…

Besos babosos, con los que terminas con toda la barbilla llena de saliva, sin saber si quitártela rápidamente o dejártela ahí para evitar que el susodicho te envista de nuevo con semejante caudal de baba… Estos besos, por regla general, son súper ruidosos, por el efecto «ventosa» que produce tal cantidad de saliva compartida dentro de la boca, y suelen provocar un auténtico espectáculo sonoro cuando tratas de apretar los labios para evitar que esa baba se escape y te pongas perdida la ropa…

Beso Hollywood – también denominado beso quiropráctico -, cuando el susodicho te inclina el cuerpo para atrás mientras te besa en modo película, pero, como la flexibilidad no es uno de tus dones, lo más que consigue es que tu espalda cruja como si tu columna vertebral fuese la Falla de San Andrés a punto de reventar, y que, en el mejor de los casos, cuando te incorpores, tengas un tirón en alguna parte de tu cuerpo y pasarte dos semanas agradeciendo al cielo que solo haya sido un tirón… o recordándote que tienes que conectarte a esas clases de Pilates online que pagaste a precio de oro y para las que nunca has encontrado el momento de empezar.

Besos “lo último que voy a hacer en mi vida”, cuando estás resfriada y la otra persona insiste en alargar el beso y no puedes negarte, pero vas notando cómo, con la congestión que tienes, te va faltando cada vez más aire y crees que acabarás muriéndote si sigue unos segundos más.

Dentro de éstos, están los besos en apnea, los que te dan debajo del agua de la alcachofa de ducha, cuando el susodicho es más alto que tú y te coge la cara con sus manos para levantarte la barbilla y besarte; con lo que es inevitable que se te meta agua en la nariz, pero el otro, en pleno calentón, no se da ni cuenta y sigue y sigue besándote mientras tú crees que vas a terminar muriendo ahogada… o por el agua de la ducha o por su saliva… pero muerta por ahogamiento… ainssss…

• Y ¿qué me decís de esos besos sudorosos al estilo natación sincronizada, que te dan al ritmo del acto sexual y que te dejan pensando “ok, bueno, vale, te acompaño a ver si pillo tu ritmo mientras coordino mis movimientos sin perder la concentración ni la libido…».

Besos accidentados, cuando el ímpetu del momento provoca un choque frontal con la nariz, con los dientes, con tus gafas… o los besos tipo peeling, cuando el susodicho tiene una barbita de uno o dos días y acabas con la cara toda irritada en esa manera que todo el mundo sabe que ha sido cosa de un calentón…

Besos edad del pavo, como cuando éramos adolescentes y no teníamos dinero ni para chicles, y mientras te besaban te ibas pasándote el chicle con él. O los que te dan mientras deciden pasarte un trago de Coca Cola fresquita de boca a boca, pero que te pillan sin estar preparada y terminas espurreándolo todo en su cara o en su ropa.

Y, por último, están los besos cátame despacito: esos besos tiernos, en los que la participación es equitativa, saboreando lentamente los labios de la otra persona, incluyendo pequeños mordisquitos y con los movimientos de lengua acompasados y el nivel de saliva en su justa medida. Son los que se dan con la mandíbula relajada, escuchando la cadencia del otro, sintiendo. Estos besos son como el Santo Grial: los más codiciados, pero, a la vez, los más difíciles de encontrar…

Después de este análisis, he descubierto varias cosas, a saber:




Y tú, ¿cómo aprendiste a besar? ¿cuál es el beso más raro que te han dado en tu vida? ¿qué tipo de beso es tu preferido?

El amor en tiempos del coronavirus

Si antes ya estaba difícil eso de encontrar pareja, ahora el guionista de nuestra vida nos lo ha puesto más difícil todavía con esto del coronavirus, porque, entre tener que quedarnos en casa y todas las medidas que debemos respetar cuando ponemos un pie fuera de ella, no sé yo cómo vamos a hacer.

Sé que algun@s de vosotr@s ya creéis haber ubicado al amor de vuestra vida en el balcón de enfrente con alguno de esos vecin@s en los que nunca habíais reparado antes, y me consta que os preparáis todos los días para salir a aplaudir como si fuerais a la ópera o a recoger un Óscar. También me han llegado historias vuestras en las que habéis ligado online con algún compañero de trabajo al que no habríais visto de no haberse instaurado el teletrabajo y las innumerables reuniones de equipo o los webinars a los que asistimos –he de confesaros que yo miro todas las ventanitas abiertas en esos foros, tratando de descubrir si alguno de los chicos conectados me genera una vibra especial para poder chatear con él-.

Pero ahora que viene el desconfinamiento, esto de tener una cita con alguien se complica por momentos, ya que tendremos que salir con mascarillas y, como sabéis, soy miope, y soy de las que se le empañan las gafas cuando llevo mascarilla; así que no distingo objeto alguno delante de mí… Vamos, que me da igual que el chico que tengo a 2 metros sea un adonis o el tío más feo del mundo, que – conociéndome- le sonreiré igual. Y ahí viene el segundo problema de la mascarilla: para evitar que se me empañen las gafas tanto, me la coloco todo lo alta que puedo, casi al borde de los ojos, con lo que cada vez que sonrío, la mascarilla me roza el lagrimal y me hace llorar, con lo que se me empañan más las gafas y acabo hecha literalmente un cuadro, ya que, basta con que no podamos tocarnos la cara con las manos, para meter más presión a mi Rose responsable y conseguir que los movimientos que termine haciendo sean modo baile del Chiki – Chiki…



Y si tenemos que guardar metro y medio de distancia, ¿cómo vamos a ligar, a gritos?
No quiero imaginarme la de cosas íntimas que llegarán a nuestros oídos de los que están teniendo una cita a nuestro alrededor… El concepto de intimidad cambiará, eso seguro, porque, no sé si os habéis dado cuenta, pero cuando llevamos mascarilla el sonido de nuestras palabras sale más amortiguado y tendemos a levantar la voz unos tonos más, así que esto puede llegar a ser caótico en un espacio público. Y si a eso añadimos que en los espacios cerrados tengo que contener la respiración todo lo que puedo y respirar lo más lentamente posible, para evitar que se me empañen las gafas, mi cita lo único que verá será algo moviéndose detrás de unos cristales empañados en tono vapor blanco nuclear, tratando de ubicarlo mientras le hago señas con los brazos sin tocarlo. Eso sí que va a ser amor ciego en su sentido más literal.

¿Y qué me decís del tema acercamiento sexual? Si ya un simple beso con alguien con el que no convivas está prohibido, el hecho de dar un beso con lengua ha pasado a ser pecado o delito… Estoy por decir a mi amiga Tifanny – que es la reina de Amazon -, que pida un contenedor de tests rápidos de coronavirus para hacérselos a los candidatos a hombres de mi vida, como prueba de fe antes de intercambiar saliva con ellos. Eso, o esperar a que se pongan de moda otra vez los besos castos con los labios cerrados y muy apretados que se daban los protagonistas de las películas en blanco y negro.

Aunque antes de llegar a ese momento beso – o sin llegar a él, porque ya se está recomendando hasta evitar las posturas sexuales cara a cara y el sexo oral-, tendremos que embadurnarnos con gel hidroalcohólico para poder tocarnos –con guantes o sin ellos, que eso no acabo de tenerlo claro-, e intercambiarnos información sobre lo que hemos hecho y con quién hemos estado los 15 días antes, para poder localizar los posibles focos de contagio por si alguno de los dos presentase síntomas (otra vez la intimidad al carajo… ainssss).

Vamos, que a este paso volverán a ponerse de moda las relaciones románticas, donde tendremos que estar viéndonos sin tocarnos hasta que no decidamos convivir juntos, con lo que eso puede ser catastrófico, no por la magia de conocer al otro lentamente – esa idea me gusta -, sino porque puedes estar conociendo a una persona años y verla mágica, pero en el momento del beso o de tener sexo con ella, querer echar a correr… Además, a mis cuarenta y tantos años el tiempo es oro y eso de no tener sexo durante largos periodos de tiempo no debe ser sano … ¡¡me entran sudores fríos nada más planteármelo!!.

Y si el tema del beso está crudo, no quiero ni pensar en el sexo con alguien que no es tu pareja. Eso del “rollito de una noche” no imagino cómo será, o si será posible ahora… ¿hay que medirle la temperatura antes, durante y después?

                                                      ¿Cómo lo lleváis vosotr@s?

Cumpleaños feliz

Y llegó el día tan esperado de celebración de mi cumpleaños con mis amigas…

No sé si os había dicho que me encanta celebrar cada año que cumplo como si fuese algo mágico: ese día se lo hago saber a todo el mundo y este año, que cumplía el simbólico número 45, no era para menos. Pero no esperaba, por nada del mundo, las sorpresas que me deparaba el día.

Os cuento:

Habíamos quedado para comer todo el grupo de amigas en nuestro restaurante de siempre: uno donde se come de vicio y donde los camareros son encantadores con nosotras – eso de que nos traten como a unas princesas por un momento nos maravilla… Seguro que a vosotras os pasa lo mismo, ¿verdad? ;-)- Pues bien, allí empezaron a traer aperitivos con Martinis varios, comida acompañada de vinos de todas las añadas existentes y postre con vino dulce. Así que os podéis imaginar las risas y el desparpajo que teníamos, hasta el punto de que nos daba igual que el resto de clientes nos mirase con una mezcla de querer apuntarse a la fiesta que teníamos y de odio, porque

cuando una va con un puntillo de más de alcohol, suele tender a levantar la voz como si estuviera en la montaña llamando a las ovejas…



Cuando llega el momento de la tarta de cumpleaños y de abrir los regalos que mis amigas me habían hecho, se apagaron las luces del restaurante y comenzó a sonar “Cumpleaños feliz” de boca de unos chicos que estaban sentados cerca de nosotras. Mis amigas les habían pedido el favor de que las ayudasen con la sorpresa, y ahí estaban ellas y los cuatro chicos cantando a pleno pulmón la consabida cancioncilla, emocionados… ellos y yo, que no podía parar de llorar.

He de confesaros que soy una blandengue que se emociona con cualquier pequeño detalle y que no puede evitar que las lágrimas broten cual Cataratas del Niágara, sin poder parar y, a veces, sin sentido… sólo porque todo lo que sucede a mi alrededor me parece mágico y lo vivo con tal intensidad que, en ocasiones, me resulta agotador, incluso, a mí.

Cuando encendieron las luces, mientras dejaba de llorar y empezaba a ver con claridad, me di cuenta de que uno de esos chicos ya le estaba haciendo ojitos a Tifanny y el otro no paraba de hacer reír a Khalesi… Ainsss… el amor, ¡qué bonito y qué complejo es! – pensé, y me emocioné todavía más…-.

Simplemente darte cuenta de que la vida va pasando, que sigues cumpliendo años y que no acabas de encontrar a esa persona maravillosa que sabes que te mereces, que no sabes si lo que estás haciendo para encontrar al amor de tu vida está bien o lo estás haciendo mal, o deberías hacer otras cosas diferentes, pero no tienes ni idea de qué es lo que debes hacer…

Esa mezcla de frustración y tristeza, mezclada con la alegría de ver a los que te rodean ya emparejad@s, disfrutando de una relación… Es difícil de digerir, sobre todo si te has bebido hasta el agua de los floreros… agrrrrr.

Pero como decía Freddie Mercury, el show siempre debe continuar estés como estés, así que decidí dejar de lado esa sensación agridulce y me levanté para agradecer a esos chicos que se hubieran atrevido a cantarme la canción, cuando, de repente, me di cuenta que la cara de uno de ellos me resultaba familiar… Me acerqué y, fue oír su voz, y decirme su nombre, cuando el mundo se me vino encima… ¡¡Era mi primer amor!! El primer chico con el que había salido… ¿sabéis ese primer amor que nunca se llega a olvidar, pase el tiempo que pase? Pues ahí estaba el mío… Y seguía teniendo esa sonrisa encantadora y –según me enteré-, estaba sin pareja… ainssss…. Mientras nos mirábamos creo que el tiempo se detuvo, porque dejé de oír el griterío de mis amigas, y tuve la sensación de que estábamos solos él y yo, como en las películas… con una luz iluminándonos a los dos y todo a nuestro alrededor tranquilo, sin sonido… (eso debió de ser fruto de la mezcla de alcohol que nos habíamos tomado… o que, por un instante, él y yo fuimos abducidos…porque normal, lo que se dice normal, la sensación no era… ).

De golpe noté la mano de alguien en mi hombro derecho y una voz: era mi amiga Blanche que que decía que volviese a sentarme para que pudiesen darme los regalos. Así que, mientras volvía a mi silla, él me anotó su número de teléfono para que lo llamase y pudiésemos quedar para ponernos al día.

Ya centrada otra vez en mis amigas y le di un trago al vino dulce espumoso que nos habían servido -necesitaba beber algo fuerte que me hiciese reaccionar -, y empecé a abrir los regalos. Entre ellos estaba, como no, ¡¡¡el tan famoso Satisfyer®!!!

Y es que, al parecer, era la única del grupo a la que le faltaba por probar ese estimulador de clítoris del que todos hablan: las mujeres para bien (lo ensalzan como un milagro sobrenatural) y los hombres para mal (han visto en él un competidor aventajado). Y no es para menos… ¡Madre mía qué escándalo de aparatito! Y eso que – aunque sea políticamente incorrecto decirlo- tengo una colección interesante de juguetitos eróticos, fruto de las múltiples reuniones de Tapersex a las que he asistido con mis amigas y de tener espíritu de exploradora que me caracteriza en todos los ámbitos de mi vida 😉 

Cuando llegué el sábado por la noche a mi casa, después de la celebración del cumpleaños, lo primero que hice fue cargar el aparatito y sacar la servilleta con el número de teléfono de mi primer amor. Y fue despertar el domingo por la mañana, y mirar el uno y la otra y decidirme, sin lugar a duda, por el Satisfyer. Definitivamente, en ese estado resacoso no estaba preparada para enviar un mensaje a ese primer amor que me rompió el corazón por primera vez en mi vida…

Y ¡vaya si lo probé! En cuestión de segundos estaba sintiendo una sensación de placer que no sabía que era posible…Así que se lo comenté a mis amigas en el grupo de WhatsApp y, desde entonces, estamos todas en modo competición a ver quién dura más de no sé cuantos segundos con el aparatito funcionando… Eso sí que es una competencia sana, ¿no creéis? Jajajaja…

Ahora no sé si quiero un hombre a mi lado – el último no sabía pronunciar bien las erres, así que podéis imaginaros su destreza en este ámbito… – o me centro en probar durante una temporada a mi nuevo “amiguito”, que ese sí que sabe hacerme vibrar maravillosamente bien y siempre que lo necesite estará a mi lado, no como los susodichos que se me han cruzado en mi vida últimamente.

Ainssss…. Y aquí me tenéis con el Satisfyer cargándose y pensando si llamo a ese chico que fue el primer amor de mi vida y que me rompió por primera vez el corazón o me dedico al aparatito y me dejo de complicaciones…Y con la duda de si el amor de mi vida echaría a correr si se enterase de que me gustan los juguetes eróticos… ¿Qué pensáis vosotr@s?

Singles day 2019

Parece que eso de estar solter@ está se ha puesto de moda ahora, y es una cosa objeto de celebración… con la carita de pena que nos ponían antes mientras decían ¡¡mira esa pobre, sigue todavía soltera!!

Eso dice mucho de las tendencias que vamos marcando y de cómo éstas nos influyen ya hasta en la forma de relacionarnos y en nuestros sentimientos…

Tengo la sensación de que esto del amor es como los cortes de pelo, vamos con la corriente que nos imponen… ¡¡Habrase visto!!.

Hoy en día, ya se da por hecho que el estado natural de una mujer es “soltera”, o, al menos, sin compromiso… y lo dan por hecho hasta los hombres, esos hombres que vemos como potenciales parejas, con los que nos cruza el guionista de nuestras vidas y que nos hacen sentir los bichos más raros del mundo cuando, en medio de una pseudo-relación con ellos, les decimos que nos gustaría poder vivir en pareja algún día, compartir hobbies, ratos de sofá mientras vemos una película juntos… y, quizás, poder tener hijos con ellos, o compartir los que ya se tengan…

Cuando les comentamos eso, es como si acabara de explotarles encima una bomba fétida: de repente, su cara se transforma y sueltan un “¡vaya! ¡me ha tocado la soltera rarita que quiere compromiso”.

Y ahí, en ese momento, el hada que llevas dentro se quiere esconder detrás de las cortinas y desaparecer, quiere borrar todos esos minutos y esas palabras pronunciadas y correr un tupido velo, porque te sientes la mujer más rara del mundo por querer un compromiso y un futuro con alguien…y lo que no nos damos cuenta es que el bicho rarito es el chico que te ha hecho sentir así, y, que somos unas afortunadas por no tener que comprometernos con ese espécimen de hombre que no quiere tener una joya como nosotras a su lado… pero, claro, para llegar a esa conclusión han tenido que pasar ratos de llantos desesperados, de charlas con amigas, de comer kilos de chocolate y hacer cosas que ni te planteabas, con tal de olvidarte de él y pasar página, reconociendo tu valía…

Y creo que es ahí de donde viene el “problema”, que, de tanto cruzarnos con especímenes raritos, empezamos a poner freno a lo que sentimos por el otro y nos volvemos más exigentes por puro instinto de supervivencia…

Pero eso de sentirse normal por estar soltera sin compromiso cambia cuando te cruzas con alguna amiga o con algún familiar en alguna celebración… No sé si habéis oído alguna vez estas palabras:

“¿Estás soltera?, ¡qué envidia! ¡con lo guapa y simpática que eres, no entiendo por qué estás soltera! ¡¡Eso es que debes de ser muy exigente!!”


Odio cuando alguien me dice eso… lo odio con toda mi alma…


Antes, mi Rose romántica, cuando oía eso, suspiraba y quería echar a correr, huir, o empezaba a rezar para que el suelo se abriese y se tragase a la susodicha (porque he descubierto que siempre son mujeres las que hacen este tipo de comentarios), pero ahora, a mis cuarenta y tantos años, ya estoy más curtida y, después de tropecientas caídas, he conseguido llegar a responder a la susodicha:

“Sí, gracias a Dios, cada día soy más exigente… porque ya no quiero migajas de hombres ni naranjas a medias… Si encuentro a un hombre, tiene que estar enterito, por dentro y por fuera, y, si no es así, prefiero quedarme soltera de por vida. Como dicen por ahí, seré la tía soltera y loca de la familia… “ 

Y ahora sí, ahora la susodicha es la que se quiere esconder, porque empieza a replantearse su vida sentimental –no he dicho que, normalmente, este tipo de comentarios los suelen hacer mujeres emparejadas desde hace años, que aparentan mantener una relación feliz y estable, a las que te dan ganas de decir:


«Sí, yo estoy soltera, pero tú, ¿por qué sigues con tu pareja si no eres feliz? ¿Es que no has sido tan exigente como deberías? Ay ay ay…. -.

Y, después de mi respuesta, miran hacia el suelo, se recomponen e inmediatamente suelen reaccionar con un

¡¡Qué suerte poder hacer lo que quieras sin tener que dar explicaciones a nadie!! ¡¡qué suerte llegar a casa y tener el sofá para ti sola!! …

Y eso me hace pensar que, al parecer, es como si ellas no pudiesen disponer de un día para hacer lo que quieran, para repantigarse en el sofá y desconectar del mundo… Si eso es imposible hacer teniendo pareja, definitivamente prefiero quedarme soltera de por vida… porque, entonces, no tendrá sentido renunciar a tu espacio, a tus necesidades, sólo por estar “conviviendo” con otra persona con la que te unen unas pocas cosas más…

¿Qué podemos hacer para que la gente se permita así misma enamorarse sin poner freno a sus sentimientos, para que los deje fluir libre y abiertamente, y podamos disfrutar de cada segundo de esa maravillosa sensación que supone estar a gusto al lado de alguien, sin miedos, sin bloqueos?

¿Cómo podemos reivindicar que comprometerse y vivir en pareja con exclusividad, con alguien con quien planeas un futuro a su lado, también está de moda?

Querida: Te mereces un orgasmo y lo sabes

El hecho de que se celebre el Día Internacional del Orgasmo Femenino da que pensar ¿no os parece?… aunque, para ser sincera, he de confesaros que, a veces, lograr llegar al orgasmo en pareja cuesta tanto, que quien lo logra es para ponerle un monumento, darle un Óscar o premiarle con todos los honores.

Soy consciente de que para conseguir el disfrute, debes conocer tu cuerpo y tus zonas de placer a fondo… Y mira que esa asignatura la aprobé hace años y, hoy en día, disfruto con él y de él a menudo, vamos, que sé cómo y cuándo provocarme placer, cómo llegar al clímax cuando estoy yo sola, pero la cosa cambia cuando se trata de que otra persona, que no se ha molestado en conocer tu geografía, lo consiga.

Y mira que me he encontrado con susodichos que han puesto todo el empeño del mundo en intentar que me excitase hasta gritar de placer, pero ná de ná… ainsss…

A ver chicos del mundo:

una cosa es frotar el clítoris con cierta cadencia, mezclando ternura y ritmo, y otra cosa es que frotéis la zona con los dedos con una fuerza tal como si quisieseis hacer aparecer al genio de la lámpara…
Así, os aseguro que el único genio que aparece es el nuestro… bueno, más que el genio nuestro, nos sale el ingenio, de intentar movernos un poco, de reconduciros la mano o de distraeros un ratito para que dejéis de frotar, so peligro de que eso al final prenda fuego, igual que sucede cuando frotas fuertemente dos palos.

Tened en cuenta que, si hacéis caso omiso de esas señales de “alerta: peligro de que tu táctica de provocar el orgasmo en ella se vaya al traste”, nosotras no tenemos más remedio que frenaros en seco o empezar a fijarnos en el mobiliario que nos rodea, tratando de decirnos, “venga Rose, ten un poco de paciencia, que el pobrecito está poniendo interés… “.

Pero la paciencia se agota y – me reconoceréis que-, en esto del placer sexual, no todo es cuestión de ponerle interés… Hay que escuchar a lo que necesita la otra persona… Y con escuchar no me refiero a los gritos de placer que nos salen a veces…

Ese “Oh Dios mío” a veces significa “Oh Dios mío, pero qué he hecho yo para estar con esa lengua metida en mis partes que va sin rumbo ni concierto y que parece que en cualquier momento se vaya a desintegrar o me vaya a absorber el clítoris como si me engullese un agujero negro…”.

Hay que escuchar la entonación con que jadeamos mientras algún miembro de vuestro cuerpo está tratando de estimularnos sexualmente, y, sobre todo, no tratar de imitar lo que se cuenta en los libros tipo “Cincuenta Sombras de Grey”, que ¡¡mira que han hecho daño en esto de las relaciones sexuales!!, porque los susodichos que me he ido encontrando estos últimos años, tratan de emular al protagonista ese multi millonario, masoquista y traumatizado, con sus prácticas sexuales y no siempre consiguen que se nos caiga la baba de placer como lo hacía con la chica… Es, más bien al contrario:

esa palmadita en el culo, ese cogernos del pelo como si fuésemos un caballo desbocado, más que subirnos la libido, incrementa nuestra mala leche cuando no paráis de hacerlo una y otra vez… y el ¡hummmm! inicial, pasa a un ¡hummmm… eso ni lo sueñes!! porque como se te ocurra volver a darme otro azote en el culo, te voy a hacer ventosa dentro de mí tan fuertemente que no puedas ni respirar.

Pero igual que hay historias de terror para conseguir llegar al orgasmo, también hay hombres que lo hacen muy, pero que muy requetebién, y que te generan adicción (porque no puedes parar de decir: “Sigue, sigue…”, “Quiero más…”), pero que al mismo tiempo sacan tu instinto asesino, y no puedes evitar gritar “Si paras ahora ¡te mato! “

Y ahora me pregunto, ¿Eso se puede considerar “amenaza”? porque los instintos y las ganas de hacerlo en caso de que pare son reales… No puedo pensar si esa amenaza se convertiría en real si al susodicho se le ocurriera parar en el momento justo antes de que yo llegase al orgasmo… creo que eso puede hacer perder los papeles a la chica más cuerda del mundo, ¿no creéis?

Mira que da gusto tener sexo con otra persona y que las dos puedan llegar al clímax simplemente dejándose llevar el uno por el otro, dejándose sentir y escuchándose mutuamente… sin tapujos ni tabúes, sintiendo tu cuerpo con la perfección que tiene, sin complejos, sólo dispuesto a recibir placer y a entregarlo a cambio de más placer… pero

¿es verdad eso de que para que sea perfecto los dos tenemos que llegar al orgasmo al mismo tiempo? Porque a mí eso me parece el más difícil todavía…. agrrrr

Ainssss… espero que algún día eso sea lo normal en las relaciones sexuales y que toda mujer del mundo pueda sentir el placer al máximo nivel que sea capaz de experimentar… Sólo así mejorará nuestra comunicación entre hombres y mujeres, porque seremos capaz de comprender que esto del orgasmo es más un camino de disfrutar que la meta final… ¿Estáis conmigo? ¿por qué creéis que se necesita celebrar el día internacional del orgasmo femenino?